
Había estado deambulando a pata por la legendaria Sorrento durante todo el día. Exhausto, y al mismo tiempo extasiado, me dirigía ya hacia la estación de la Circumvesuviana para tomar el tren de regreso a Napoles. Estaba anocheciendo, la hora mágica, pero no tenía el trípode. En el trayecto, me doy vuelta para echarle un vistazo al famoso Café Ercolano, uno de los puntos de encuentro más frecuentados en Sorrento, y entonces lo vi: un hermoso cielo purpura sobre la ciudad.
Estaba parado en el medio de la calle, con la mochila en mi hombro izquierdo, el bolso de fotografía en el derecho, la cámara colgando del cuello y con las luces del semáforo a punto de cambiar. Había bastante gente pasando por delante mio, cruzando la calle, pero de pronto se hizo un claro. Tenía que actuar rápido, así que me paré lo más firme que pude, respiré hondo, contuve la respiración y presioné el disparador suavemente.
Después de tomar la foto, escuché inmediatamente el ruido del motor de arrastre, que rebobinaba la película de nuevo dentro del carrete. No lo podía creer. Esta toma había sido la número 37; la última del último rollo de Konica Centuria 800 que me quedaba. Así que creo que tuve un poquitín de suerte , ¿no?

1 comentario:
Que buena foto que cielo !! lo primero que pense fotoshop . Yo tambien soy aficionada a la fotografia y estoy tomando unas clases para afinar mas el ojo
Publicar un comentario