martes, 25 de diciembre de 2007

Ying+Yang


"Se viene la tormenta...", me dije, mientras me apuraba a desmontar la cámara del trípode. Caminando hacia el estacionamiento, me acerqué unos metros a la baranda de la rambla y de repente lo vi claramente: las nubes densas de la tormenta contra el cielo prístino del atardecer, las luces del alumbrado público versus la oscuridad del dique, el sempiterno diálogo entre luz y oscuridad... el ying y el yang.

Monté tan rápido como pude el trípode y la cámara, tomé un par de lecturas con el fotómetro, y comencé a disparar en secuencia. La escena completa duró solo un par de minutos, al cabo de los cuales el cielo se oscureció de nubes y comenzó la tormenta.

Algunos me han dicho que las luces a la derecha distraen, o que sería mejor recortar la parte baja de la foto a un formato más panorámico, pero yo creo que se equivocan. La baranda de la rambla iluminada dirige la mirada hacia el fondo y luego a la izquierda, a través de las luces de los restaurantes, internándose en la oscuridad. Y la inclusión de los postes de alumbrado, en mi opinión, refuerza la composición, ya que atrae recurrentemente la vista hacia la derecha, recreando el diálogo entre luces y sombras. La distancia y la perspectiva, para mí, contribuyen a crear una atmósfera casi atemporal.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Plaza de Toros


Me gusta leer a Hemingway, pero nunca compartí su fascinación casi mística por las corridas de toros y otras crueldades taurinas como los Sanfermines. Los valencianos suelen citar, no sin un dejo de orgullo, que su ciudad fue el sitio elegido por Papa para comenzar a escribir, hacia 1925, la que probablemente sea su primera novela de peso, Fiesta. A esta siguió Muerte por la tarde, donde describe con lujo de detalles, desde los ojos de un profano obsesionado con la muerte, lo sublime y lo trágico del mundo de los toros.

Precisamente en esta Plaza de Toros de Valencia, la de la foto, es donde se desarrolla la mayor parte de las situaciones relatadas por Hemingway. La atmósfera descripta por él no es la misma, no obstante, ya que las corridas de toros eran de día. Yo, en cambio, preferí tomar esta imagen nocturna: su tonalidad ocre y el vacio de las calles le dan a la escena un aire más melancólico y sombrío.